Después de más de 25 años ayudando a personas a recuperar la audición, me topé con algo que me hizo cuestionar a toda mi industria.
Y nunca había estado tan incómoda con lo que vi.
Cada semana me escriben hijos e hijas con el mismo problema: su mamá o su papá ya no escucha bien. Suben la tele a todo volumen. Contestan “sí, sí” a preguntas que no oyeron. Dejaron de ir a las comidas de los domingos porque ya no le entienden a nadie y les da pena pedir que les repitan.
Y aquí está la trampa en la que están atrapados en México:
El IMSS y el ISSSTE no entregan audífonos para la sordera de la edad. Cubren lo médico y los implantes, pero el aparato auditivo de uso diario lo pagas tú, de tu bolsa.
Las clínicas privadas y los centros auditivos te atienden mañana mismo… pero te cobran entre $10,000 y $70,000 pesos por oído. Para muchas familias eso es imposible.
Y luego está lo que venden en las farmacias, los mercados y el internet: aparatitos de $300 a $800 pesos que prometen el cielo.
¿El resultado? La mayoría no hace nada. Se aísla. Y poco a poco se va apagando.
Después de tantos años viendo esto, decidí hacer algo. Compré con mi propio dinero las distintas opciones que hay en México y las probé. Con pacientes reales. Durante varios meses.
Esto es lo que encontré.

Comentarios (6)
Lo del amplificador me abrió los ojos. Gasté como $1,500 en dos de farmacia para mi suegra antes de leer esto. Ojalá lo hubiera sabido antes.
Mi hijo me mandó este artículo. Ya los pedí. En una clínica me cotizaron $38,000 por los dos, imposible con mi pensión. Cruzo los dedos.
¿Sirven para alguien que ya casi no oye de un oído?
Pedí unos para mi papá el lunes y llegaron el miércoles. Lo del estuche con batería está muy práctico porque él se le olvida cargar las cosas.